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miércoles, 27 de enero de 2016

6. MI HISTORIA, LA ADICIÓN, LA FALTA DE RAZON ME IMPEDÍA COMPRENDER DAÑO QUE HACÍA Y ME HACÍA

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Invitado por Mauricio, un amigo de los viejos tiempos, fui a almorzar al club donde encontré a don Arturo el papá de "Ella". 
De inmediato se acerco, me abrazó, y me dijo "quiero que hablemos". Me invitó a almorzar, a lo que Mauricio no se opuso, es más, creo que la invitación fue planeada para propiciar el encuentro.
Asustado, con miedo de preguntar por "Ella", y con la esperanza de que don Arturo me dijera algo, acepté. En una mesa frente a la piscina, que se veía a través del inmenso ventanal, don Arturo empezó diciendo: 
"Hijo, yo te quiero como al varón que nunca tuve, pero me siento defraudado", y como un padre continúo hablando mientras traían el almuerzo. Yo escuchaba sin pronunciar palabra. 
Almorzamos recordando viejos tiempos, las salidas a acampar, mi amor por "Ella", que demostré desde siempre.
Lo que pasó, empezó diciendo don Arturo después del almuerzo, no debió pasar, pero no te culpo, es culpa de todos, también de "Ella", que torció su destino.  Como seguramente sabes, el año entrante la iba a enviar a estudiar a Harvard, pero bueno, eso es historia, hablemos del presente, del futuro, que has pensado?
Me quedé frío, sin pronunciar palabra, pensaba de qué o qué.
Él se dio cuenta de mi turbación y continuó diciendo:
De las drogas, del mundo en que te metiste, necesitas ayuda para salir de eso, y la debes buscar antes de que sea demasiado tarde. Sabías que ellos consienten a los clientes, les facilitan espacios para dormir y mientras lo hacen, con grabaciones los inducen a consumir más.
Boquiabierto escuchaba a don Arturo, que como recordará el lector es un militar retirado y que conoce el tema.
Casi balbuceando, logre preguntar, cómo así?
Don Arturo, no necesitaba la pregunta, el quería hablarme de lavado de cerebro y la pérdida de voluntad, de personas que inducidas por grabaciones mientras duermen, actúan como zombis y son capaces de matar y hacer cualquier cosa.
A mi pregunta respondió, es un invento, que nació con el espionaje y ahora utilizan los comerciantes de la droga para mantener cautiva la clientela.
Hay diferentes métodos, pero el resultado es el mismo, el adicto pierde la voluntad y el sueño, y cuando logra dormir ve imágenes aterradoras que lo atrapan para destruirlo; sudando y muy cansado despierta cuando logra escapar, y es tanto el nerviosismo, que lo único que quiere es relajarse y descansar, y ya tu sabes lo que sigue, o mejor dicho, lo que empieza, con una disculpa nueva cada día: no dormí, "Ella" me abandonó, etc, etc..
Casi llorando, don Arturo me dio la mano y me dijo, como puedes ver, mis dos hijos necesitan ayuda y quiero ayudarte, no importa el tiempo que tarde o el costo.
Yo le prometí pensarlo, y sin decir palabra nos abrazamos y despedimos.


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martes, 26 de enero de 2016

5. MI HISTORIA, MI ADICIÓN A LA DROGA, EL VICIO, EL CALVARIO


Preocupado, porque mi mamá gastaba mucho dinero en libros y matrícula de universidad, le pregunté a Ernesto un compañero, qué podía hacer, pues "yo estudiaba mucho y entendía poco".
Ernesto, que era mayor que yo me dijo, "tranquilo viejo, todos hemos pasado por eso" y  me dio una pastilla para el estrés. Al día siguiente me dio otra y otra cada día.
Hasta que un día, después de dos semanas, Ernesto me dijo, que no podía darme más pastillas, pero como él era un tipo chevere, me iba a presentar al man que las vendía.
Y así, convencido de la ayuda de las pastillas, logré terminar el segundo semestre de ingeniería.
No tuve el valor de decirle a mi mamá, lo que me estaba pasando, pero ya me había dado cuenta de que sin pastillas no podía vivir.
Me lamentaba de mi suerte, y gastaba mi vida pensando "Si al menos "Ella" estuviera conmigo", pero cuando su familia se dio cuenta de su embarazo, la envió a vivir a una de sus haciendas en la costa, con Sofia una mulata, que creció en la finca y era amiga de la niña, como le decía a "Ella".
Por el correo de las brujas, recibí una carta de "Ella", donde hablaba del dolor de la separación, pero entendía que era el precio que teníamos que pagar por nuestro pecado.
Cuál pecado, amar como nos amábamos no puede ser pecado. Furioso, decidí ir a buscarla, pero dónde?, averigüé con todos nuestros amigos, y también con los vecinos de "Ella", nadie me dio razón.  
Mi mamá, me dijo, tranquilo mijo no se desespere, que si "Ella" es la mujer de su vida, el destino se la traerá.


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4. EL GRADO DE BACHILLERATO (SECUNDARIA) LA FIESTA, LA MALA SUERTE

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Abrazados, caminamos bajo la luz de una luna, hasta el puentecito que separa las dos fincas, la del Coronel Ramírez y la de don Arturo, el papá de "Ella".
La música del agua corriendo en el pequeño cauce, me invitó a coger una hortensia para adornar su cabello, pero "Ella", a gritos, como si hubiera visto al diablo, me gritaba no hagas eso, es de mala suerte.
Asustado y también a gritos: qué, pero qué hice?
Llorando, "Ella" me dijo: "cuando has visto que regalen hortensias: Las rosas son el símbolo del amor, las margaritas de la sencillez..." y así continúo hablando de flores hasta llegar a las hortensias y me habló de un agüero, de las hijas que se quedan solteronas, o algo así, no le entendí ben, porque las palabras le salían entrecortadas por el llanto.
No sabía si por el trago, por el llanto o por el viento, "Ella", estaba bastante descompuesta. Traté de organizarla un poco pero "Ella, con una risa nerviosa, poniendo mi mano sobre su vientre me dijo, "y como vas a arreglar esto?".
Caminamos en silencio, el poco trecho que faltaba para llegar a su casa.  
Me dio un beso en la frente, rápidamente abrió la puerta entro a su casa, y la perdí. 
Al día siguiente no me atreví a visitarla, sabía bien lo que "Ella" quiso decirme, sin decirlo.
No contestó mis llamadas, mis correos y tampoco mis mensajes. 
Le pregunté a nuestra amiga de infancia Sandra, si sabía que estaba pasando, y ella, por solidaridad femenina se había convertido en mi enemiga.
Al día siguiente fui a la universidad con Carlos y nos matriculamos en ingeniería. 
Mi mamá que conocía a Carlos por las historias que contábamos de él, se alegró, cuando supo que seria mi compañero, y me preguntó "ese es el Carlos que sacaron de clase".
Mi vieja reía como en los viejos tiempos, cuando repetí la anécdota que lo hizo famoso.  
"Sí, ese es el Carlos que golpeó el pupitre con la mano y le dijo al profesor Galindo -Eso ya lo enseñó, si no va a enseñar algo nuevo, yo me voy-".
Continuamos hablando de los compañeros de estudio, los que terminamos bachillerato y los que no lo hicieron.
Escribí mi historia, la de un muchacho bueno hasta los 17 años, con la esperanza de que le sirva al lector y no cometa los mismos errores. Los que cometí yo, pensando que no tenía nada de malo alegrarme un poco con ayuda de drogas, y así empezó lo que se convirtió en un calvario, como se darán cuenta, las personas que lean esta historia.

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jueves, 21 de enero de 2016

3. MI HISTORIA, ME CAMBIO LA VIDA.

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La quiebra el cambio de negocio

Después de la muerte de mi padre, continuamos la vida normal. Mi madre trabajaba en el negocio que dejó mi padre, pero con la llegada de las grandes cadenas fue imposible competir: las promociones, la publicidad y la comodidad de compra, "todo bajo un mismo techo", fue cautivando la clientela y tuvimos que cerrar el almacén; el dinero comenzó a escasear.
Nos vimos obligados a cambiar de barrio. 
Para entonces teníamos 14 años. Las salidas a acampar se acabaron y también las idas a patinar. "Ella", con grandes dádivas e invitaciones trataba de ayudarnos.  Las salidas se redujeron a futbol y a cine, que pagaba "Ella".
No estoy seguro si íbamos al cine porque nos gustaba o para sentirnos cerca. A la salida íbamos a tomar un helado, y cogidos de la mano caminando regresábamos.
Después de saludar a su familia y mirar un poco de televisión yo me despedía. 
En más de una ocasión encontré a mi mamá sentada en una banca del parque que había frente a nuestro pequeño apartamento. Secándose las lágrimas y con una sonrisa que no lograba ocultar su dolor, me decía "ya sabes que este es mi pasatiempo favorito". 
Ella se desahogaba llorando y yo tocando mi guitarra. 
No recuerdo bien que decía la canción que le compuse a "Ella" mi novia, pero si el estribillo, que parecía más un lamento que un canto: "te necesito amor, te necesito".
Y así transcurrió mi vida hasta los 17 años, cuando me gradué de bachiller, con el dolor de haber abandonado las clases de guitarra.
La celebración del grado fue en la hacienda del coronel Ramírez, otro militar retirado, padre de Harold, un compañero de estudio.
Comimos, tomamos y en medio de risas y anécdotas llegó la madrugada, y con un abrazo de hermanos nos despedimos de los compañeros de estudio y sin saberlo, también de nuestra vida de adolescentes.
Al salir de la fiesta todo lo bueno, lo inocente y lindo quedó en el pasado, y transportados como por la máquina del tiempo, amanecimos en un mundo lleno de problemas y de llanto.

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2. MI HISTORIA, LA MUERTE DE MI PADRE.

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No todo fue triste en mi juventud, antes de perder la confianza de mis padres yo era un niño sano y feliz. 
Utilizaré este pronombre para referirme a "Ella", la madre de mi niña, puesto que no tengo su permiso para publicar su vida. 
Nuestros padres que eran vecinos y amigos, con frecuencia nos llevaban a acampar a los cerros, donde mi padre y también don Arturo el padre de "Ella" se embelesaban observando las estrellas.
Mientras los mayores no despegaban los ojos de sus telescopios, los jóvenes disfrutábamos organizando carreras, tocando guitarra, cantando y haciendo toda clase de concursos.  
Cansados, nos íbamos a dormir a las carpas, hasta que cantaba el gallo -don Arturo imitaba a un gallo, y cantaba tan fuerte y con tanta gracia- que nos despertaba y como si fuera la diana (diana, toque militar para despertar a los soldados), debíamos levantarnos.
Don Arturo un militar retirado, organizaba las actividades. Lo primero era traer leña. Teníamos que buscar palos y hojas secas que debíamos recoger del piso, -no de los árboles, que aunque estuvieran secos, no se debían tocar-. El ganador además de aplausos, recibía un premio. Yo siempre iba con "Ella", y le daba lo que recogía para que ganara.
Además íbamos a patinar a museos y centros comerciales con mi mamá, una mujer alegre y joven hasta el día en que murió mi padre y con él murió el espíritu de ella, el de mi mamá. 
Para que no se confunda, cuando escribo "Ella", con mayúscula inicial, me refiero a  mi novIa.
Mi mamá tuvo que conseguir un empleo. "Ella", me acompañaba mientras llegaba mi mamá y tratando de consolarme, me acariciaba, me besaba y me hacía las tareas -planas de bolitas- ya estábamos en kinder.
Sin darnos cuenta, la amistad se fue convirtiendo  en amor.

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1. MI HISTORIA, ESPERO QUE LE SIRVA AL LECTOR PARA NO COMETER LOS MISMOS ERRORES

Introducción

A partir de este capítulo publicaré la historia de un joven y hablare en su nombre, puesto que utilizaré su diario para escribir.

Contaré la historia de mi vida como si fuera una novela, para hacerla más agradable.


No doy mi nombre, puesto que voy a contar la historia de mi vida y no quiero que me identifiquen. 

Mi juventud

A la edad de 15 años fui padre.  No voy a hablar del trauma que fue para las dos familias, porque no tengo palabras para hacerlo, pero si puedo contarles lo que dijo mi mamá "un niño con un niño". Todavía hoy, después de 16 años me duelen sus palabras y la expresión de su rostro.

A partir de entonces todo cambió, nuestros padres tratando de protegernos, nos convirtieron en jóvenes rebeldes.  Yo no terminé mis estudios, me fui a vivir con mis abuelos, pero no por ello cambié de actitud, protestaba por todo, nada me gustaba, me volví un resentido. 

A cambio recibía reprimendas y consejos. Consejos que no escuchaba, o quizás sí, me servían para hacer todo lo contrario y así sufriendo como un loco llegué a mi juventud, sin sueños, sin futuro, sin terminar los estudios y sin dinero, porque a partir de entonces, mi abuelo solo me daba lo estrictamente necesario para los buses. 

Conseguir un empleo, sin estudios no fue fácil.

Para no aburrirlos, contaré mi historia como si fuera una novela por capítulos. Espere mañana un capítulo más.

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